Testimonio de un voluntario en Zambia

De visita en La Ciudad de los Niños

Javier Valdés es un voluntario español que está pasando varios meses en Zambia. Acaba de visitar uno de los proyectos en donde hay niños y niñas patrocinados. y este es su testimonio:

 

“Hola a todos, aquí estoy de nuevo. Ayer llegué de viaje, de mi semana de investigación, que es un período de una semana del que disponemos, en el podemos viajar un poco por el país (el presupuesto para el viaje es 200.000 kwachas, unos 30 euros, con lo que da para ir a una o dos provincias cercanas) investigando algo que estimemos como interesante para nosotros. Yo decidí conocer a fondo el sistema de apadrinamiento de niños que HUMANA España tiene aquí, en Zambia, donde yo trabajo. Para ello decidí ir a Children’s Town, una especie de ciudad de los niños en la que se combina casa, familia, colegio y escuela-taller para huerfanos y niños vulnerables, en un país con 2.000.000 de huérfanos entre 10.000.000 de habitantes, debido al SIDA y las enfermedades que conlleva.

Sí amigos, este es el país de los niños. Con estos días de viajes ya puedo decir que he acabado de conocer, ya a fondo, el sistema de transporte de viajeros de este país. Es la traca. Hay autobuses de los normales, poquísimos, porque la base del transporte son los llamados "minibuses", que son tipo Renault Space pero con 12 asientos enanos para pasajeros más el conductor y dos acompañantes. Pero la caña es que, por ejemplo, he llegado a ir en uno de estos minibuses con mas de 20 personas más los equipajes respectivos. La alternativa y competencia son los camiones y camionetas descubiertas, tipo “pick up”, que aquí, no te lo pierdas… es legal llevar a todos los que quepan.

 

Después del suplicio de los minibuses, a Children’s Town llegué casi de noche en uno de estos vehículos. Al llegar nos habilitaron un pequeño hut (casita de barro con techo de paja) y nos dieron la llave y una vela, única fuente de luz disponible. A las 5.30 me despertó el equipo de futbol, y estuvieron cantando en el entrenamiento hasta las 6.00, hora en la que empezó a sonar la campana del colegio, marcando el principio del día.

Por la mañana visitamos las instalaciones: la granja, con la cosecha de maíz ya recogida, la huerta, no con mucha actividad por problemas de sequía del pozo, los campos deportivos, voleivol, baloncesto y fútbol, las aulas, las cocinas, a base de leña… Un sitio con vida, actividad todo el día, exactamente de sol a sol, o sea, de 6am a 6pm. Otra voluntaria hizo de guía, pero no sólo ella, ya que los chavales estuvieron a nuestro alrededor desde ese primer momento hasta que tres días después nos íbamos a eso de las 6.30 a.m.…

Encantadores chavalucos: Peter, Isaac, First, John…; todos y cada uno, los de 4 y los de 18 años, los habitantes de este lugar son encantadores. 294 estudiantes tiene la escuela, con 78 residentes permanentes (39 chicos, 39 chicas), huérfanos de dos o uno, o a veces ninguno de los padres pero todos sin un sitio a donde ir.

Muchos, víctimas de malos tratos físicos o psíquicos; todos, víctimas del trabajo en la infancia, el factor común de los menores en este país. Y no sólo en éste; en los paises en desarrollo, tener hijos significa para las familias tener trabajadores del campo; tener hijos “da” dinero… La infancia no existe aquí, amigos. En el momento en el que puedes llevar a tu hermano pequeño a la espalda, ya estás capacitado para compartir las responsabilidades del trabajo diario, conseguir agua y madera, comida y si es posible algo de dinerillo pues mejor. Y es que aquí ves como normal que los críos de cinco años acarrean al de uno.

Sin embargo, en Children’s Town los niños tienen tiempo para jugar. El sitio no es perfecto, por supuesto. Es regido por tres directores con distintas responsabilidades y por el consejo de profesores y todos ellos son seres humanos. Si nos situamos en el contexto, estamos hablando del corazón del Africa Subsahariana. El proyecto tiene recursos económicos muy limitados, cuya carencia ha causado estragos varias veces a lo largo de los 25 años que lleva funcionando esta institución. Con el programa de sponsors para los niños, tienen apadrinados un total de 140 de los alumnos, más o menos la mitad. La otra mitad son mantenidos por otros donantes a través de DAPP Zambia.

Hay apadrinados en los dos grupos, entre los que viven en los alrededores y van a casa a dormir y entre los que moran en Children’s Town. Todos ellos comen allí. Con el dinero de los padrinos se benefician los niños directamente, ya que se distribuye a tercios entre el niño, los gastos de la escuela y la comunidad. El niño puede ir de compras con un mayor y él decide lo que quiere.

No sé, puedo decir que después de convivir cuatro días con la gente que habita el lugar, mi impresión es positiva, muy positiva. Alessio, mi compañero de viaje y yo mantuvimos conversaciones con todos los grupos sociales. Los niños, los directores y con los otros voluntarios internacionales, nuestros compañeros. Las opiniones por supuesto son distintas de unos a otros, pero mi conclusión es que está bien llevado: podría hacerse mejor porque todo es mejorable, pero si te sitúas en el contexto de pobreza en el que estamos, os aseguro que la situación es muy buena. Les faltaría un psicólogo, 100% capacitado para tratar con estos niños, pero es que les faltan un millón de cosas. Y si veis a los niños en las calles de Lusaka, tirados, pidiendo y esnifando pegamento llegas a la conclusión de que, por mucho que se pueda mejorar, están en un ambiente inmejorable… Les hacen falta más talleres, pero carecen de fondos para herramientas. Les hace falta luz en todos los edificios, pero, pese a haber conseguido conexión con la red eléctrica hace tiempo, les falta el dinero para poder conectar todos los edificios, siendo el colegio el único que la disfruta. Les faltan un millón de cosas, pero tienen un hogar y nadie les maltrata.

Me llevo buena impresión del lugar. Y recuerdos imborrables. Los críos en Zambia son para comérselos. Toda la gente es muy amigable en este país, pero los niños son especialmente simpáticos. Y esta es la Ciudad de los Niños, en el país de los niños.

Cuidaros. Besos y abrazos.

Javier Valdés, Instructor de Desarrolllo en DAPP, Child Aid and Environment, Southern Province, Zambia.

 

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